Hay que diferenciar tristeza de depresión

Un error que cometemos frecuentemente los seres humanos es confundir la tristeza con la depresión, siendo ésta última una enfermedad que de no detectarse a tiempo podría tener graves consecuencias, como lo son los pensamientos suicidas, los cuales, si no se controlan, podrían llegar a hacerse realidad. En ambos casos, tanto en la tristeza como en la depresión, se pueden desencadenar por situaciones de la vida cotidiana que las personas sufren, como lo puede ser la pérdida de un ser querido, la situación económica, presenciar o vivir un accidente o la personalidad de los individuos. Por eso hoy quiero compartirles dos historias breves, la primera es de un caso de tristeza y el otro de depresión, parecen ser lo mismo, pero el desenlace de cada uno es muy diferente.

Luisa era una jovencita muy bella, que cuidaba mucho su apariencia, sobre todo por salud, no tanto por atraer la atención de los demás. Aun así era un plus que tenía por su esfuerzo en el gimnasio y el cual le gustaba. Tenía muchos pretendientes, pero ninguno le gustaba para formalizar, por lo que no les hacía caso y se enfocaba en sus estudios. Un día se enamoró perdidamente de Manuel, un joven apuesto y muy centrado en sus estudios. Llegaron a tener una relación por dos años hasta que sucedió lo impensable. El chico contrajo una enfermedad, la cual se agravó debido a una mala atención médica y perdió la vida. Esto destrozó a Luisa, quien se sumió en una tristeza profunda, no quería comer, ni hacer ejercicio. Sólo quería dormir y en ocasiones sus padres la encontraban sentada en una esquina en una de las dos sillas plegables acojinadas que usaba para estudiar, sin hacer nada, sólo viendo al cielo a través de la ventana. Sus padres siempre platicaban con ella para saber si tenía en mente el hacer alguna locura, pero jamás la llevaron con un psicólogo. Pasó un mes y comenzó a comer, a chatear con sus amigas otra vez y a salir. Regresó a la escuela después de dos meses, aún lloraba por las noches pero trataba de llevar una vida normal. La tristeza se disipaba poco a poco. Muy lentamente.

Por otro lado está Raúl, un joven que lo tenía todo, una novia hermosa, dinero suficiente que le daban sus padres y le iba muy bien en la escuela. Un día su novia falleció en un terrible accidente, en el cual también habría muerto él, pero debido a un trabajo escolar no podía ir al viaje. Esto lo devastó y al igual que Luisa se encerró en su mundo, los cambios no fueron tan rápidos como los de la chica que perdió a su novio. La depresión se había adentrado en su cerebro, comenzó a utilizar camisas o playeras de manga larga porque solía cortarse los brazos, algo que no detectaron sus padres, quienes creían que seguía devastado por la muerte de su novia. Un día escucharon un estruendo dentro de su casa y al correr al cuarto de Raúl lo vieron tendido en el suelo, con una pistola en la mano y un charco de sangre rodeando su cabeza.