Falta de honestidad.

Nunca sabía cómo empezar, en realidad nadie sabía cómo empezar esa conversación. Estaban sentados en el bullicio de la entrada del cine, gente pasaba, corría reía y ellos no cambiaban de posición. Estaban enfrente de un letrero que decía Proveedor empresarial.

Sabían que había que hablar de algo pero nadie quiere empezar, pensar que después de esas palabras no habrá nada igual, no necesariamente era malo, simplemente sería diferente, los cambios siempre asustan, es normal.

Ernesto estaba nervioso y alerta, no podía controlar su pie que golpeteaba con un ritmo acelerado el piso y por ende su rodilla. A Berta le sudaban las manos y se podía ver la tensión en su lenguaje corporal, la tensión en su quijada y el silencio no mentía.

Debemos de hablar dijo Ernesto en voz baja y desviando la mirada a todas partes para evitar la mirada de la chica, se veía que decir esa frase le había costado más de lo que incluso el admitiría. Berta hizo una mueca, estaba en una pelea interna sobre enfrentar la situación o huir. Por esta ocasión ella no quería huir.

-Hablemos- dijo Berta en voz alta y quedándose callada, el silencio fue largo y pesado.

Ya habían hablado, esa era la lógica más sencilla, nadie quería hacerlo y nadie iba a hacerlo pero en este momento admitirlo todavía no era una opción. El bullicio crecía conforme pasaba el tiempo, las salas de los cines se vaciaban y nuevas caras aparecían junto con los gritos de los niños que se divertían.

Fuentes: Abasteo, YouTube y El Economista 

Si en ese momento les hubieran ofrecido convertirse en estatuas hubieran aceptado sin pensarlo, congelarse en el tiempo sin tener la presión de que en ese momento era “el momento” para hacerlo. Lo peor era que ni siquiera sus miradas coincidían, se evadían como si la vida les dependiera de ello.

Sus cuerpos aún tensos y encorvados eran incapaces de abrirse un poco, se preparaban como dos animales a defenderse y atacar. Si bien se habían lastimado en el pasado pero no era para llegar a esos extremos.

Por desgracia para ellos era demasiado temprano y ese lugar todavía tenía muchas horas de vida donde podían ser invisibles en esa bola de gente, y es que aunque querían avanzar en realidad solo se mentían a ellos mismos, ninguno quería.

Ernesto y Berta tenían mucho miedo pero la cantidad justa para dejarte paralizado y no actuar para salvar tu propia vida y en este caso perdían una maravillosa tarde por estar pretendiendo que querían hacer eso, en ese preciso instante.

Hubo una especie de vacío en el tiempo donde ninguno de los dos estaba ahí, se perdían en su propia mente con cualquier tontería se iban ¿Un ruido? Lo escuchaban ¿Una sonrisa? La veían pero querían omitir a la persona de su lado, no querían estar ahí y admitirlo requeriría ser valiente como no lo habían sido en mucho tiempo.

¿Y si nos vamos? Dijo Berta como si se hubiera dado cuenta en ese preciso instante de que estaban perdiendo el tiempo. Ernesto no dijo nada, se levantó y se fue.

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